<p><span class=La isla de las muñecas en Xochimilco: una presencia inquietante 

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La isla de las muñecas en Xochimilco: una presencia inquietante 

3 noviembre, 2023
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Nunca había ido antes a las trajineras de Xochimilco. En 29 años de mi vida, dichas barcazas, dicho sitio, su famosa isla de las muñecas eran sólo parte de un imaginario de terror o de diversión en el que mis amigos o gente cercana a mí visitaba un fin de semana. Eso: el terror y el solaz son los dos principales motivos que llevan al público a visitar Xochimilco. 

Sin embargo, existe una tercera vía un poco más que turística: la de investigación. Conocer la historia de dicho lugar en la vida de México, su significado en náhuatl (“campo de flores”), por qué existe la isla de las muñecas y cuáles han sido los problemas por los que ha pasado Xochimilco (tanto ecológicos como sociales) formaron parte de esta visita de la cual hubo un evento que no quiero volver a experimentar. 

El embarcadero de Xochimilco: ¿cuánto cuesta un paseo en trajinera? 

La experiencia a la que me refiero no tiene que ver con la que abre este párrafo, pero que es necesario que quien lea dichas líneas tome en consideración: visitar este atractivo turístico no es barato. Los precios por pasear en trajinera en Xochimilco varían dependiendo de la distancia existente entre el punto de embarque hasta el punto turístico deseado. Estos precios oscilan entre los 1000 y los 5000 pesos. 

Cualquiera podría pensar que dividido entre 10 personas sería más fácil costearlo, pero aún no contamos el total del consumo. Las propinas a quien lleva la trajinera son opcionales, pero igual cuestan, la comida in situ y, por supuesto, la bebida (principalmente la alcohólica) aumentan la inversión. Por último, cabe mencionar que entrar a la isla de las muñecas o al islote donde narran la leyenda de La Llorona terminan por mermar la salud de tu cartera porque la entrada a cada una también tiene un costo adicional. 

Muñeca de la Isla de Muñecas

Anécdotas entre canales de agua (hace tiempo) cristalinos 

Luis Castro, nuestro Caronte por este viaje a Xochimilco, nos contó parte de la historia del barrio desde su fundación en la época prehispánica, lo encantados que quedaron los españoles con los canales y el posterior descuido y reparación de la zona lacustre.  

Si los fines de semana hacen lucir a Xochimilco como metro Pantitlán un lunes a las 5.30 am, el martes que asistimos el equipo de producción audiovisual y de contenido de Larousse fue más que tranquilo (algo así como metro Morelos cualquier día de la semana). Gracias a esta poca afluencia de gente y trajineras, pudimos escuchar claramente a Luis narrarnos la historia de Xochimilco y sus experiencias trabajando en el embarcadero. 

Desde apariciones de figuras infantiles por la noche, chillidos que rasgan la tersa tela del viento nocturno hasta el malestar de ser observado, Luis Castro fue un gran conversador y un buen guía para nosotros a lo largo de la jornada de nuestra visita. Fue así como nos enteramos de la existencia de un ajolotario, de que el canal sufrió plaga por la transplantación del lirio y, posteriormente, por la presencia de caimanes que fueron capturados por los pobladores de la zona. 

La isla de las muñecas: famosa por una razón 

Ésta es la experiencia a la que me referí más arriba. Mi cosmovisión no concibe la presencia de seres malignos o beningnos que vienen de la muerte para ayudar o perjudicar a la gente. Es cierto que hay cosas inexplicables en el mundo, pero como dice Dana Skully en X Files: “La naturaleza no está equivocada sino nuestro entendimiento de ella”. Por lo que me mantengo a raya antes de tomar una posición metafísica no filosófica para explicar un fenómeno extraño. 

Sin embargo, la isla de las muñecas tiene una atmósfera increíblemente pesada una vez que pisas en la chinampa donde se encuentra. Su diseño como isla es tétrico; la historia de Don Julián Santana es convincente (desde que fue creada como ofrenda a un alma inocente que no debía morir hasta que quedó repleta de muñecas que venían de los canales) y ambos elementos contribuyen a alimentar nuestro imaginario de leyendas mexicanas. Pero sí es verdad que hay una cierta densidad en el aire que despierta el instinto de autopreservación por encima de la curiosidad. 

Mi comentario va enfocado en lo siguiente: una vez que el equipo pagó la entrada (y el permiso de grabación…) y tanteó el terreno para hacer tomas, grabar video y perfilar espacios de grabación con el presentador oficial del sitio, nos dedicamos a merodear las casuchas. Una de ellas, la primera y más vieja, oprimía tanto por su espacio como por la densidad mencionada anteriormente. No sé qué era, pero claustrofobia ni miedo a las ratas fue. Eso puedo asegurarlo.

Además, la espalda la sentía cada vez más cargada como de dos palmas de manos que me empujaban la carne, pero no el cuerpo entero. Imaginen que es como sentir la pesadez de un día de trabajo, pero sin dolor, sólo el puro cansancio, como si una maldición cargase sobre los hombros ahora. No puedo estar menos que agradecido, pues no me hubiese gustado vivir con el peso de alguna presencia inquietante de Xochimilco en mi persona. 

Isla de muñecas

Como Perséfone, como Orfeo, casi como Eurídice 

Del regreso de la isla de las muñecas no tengo sino muy buenos recuerdos y sensaciones. El día fue amable: no hacía mucho calor, no hacía frío, y las flores de cempasúchil comenzaban a abrirse en algunos campos alrededor nuestro.  

Aprendimos que los templetes que realizan en el corazón de Xochimilco ayudan a levantar tanto el turismo como la creencia en antiguos rituales de ofrenda referentes a la vida de la muerte (tema tan nuestro). Aprendimos que puedes pagar una visita a las 5 am para observar el amanecer entre el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl; que puedes unirte en kayak por los canales y, por último, que las aguas de los canales siguen límpidas e inodoras, razón que le permite a la zona mantenerse con el agradable olor a pirul soplando entre los vientos y las orejas de la gente que visita uno de los espacios más visitados de Ciudad de México, antigua ciudad de canales, ex “región más transparente del aire”. 

Regresar de una experiencia así, no les mentiré, es desvanecerse un poco. 

Por Alonzo Caudillo

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