Altar de Día de muertos Altar de Día de muertos

Origen del Día de Muertos ¿tradición prehispánica?

En 2008, la UNESCO declaró las festividades de Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En esta nota, abordaremos algunos pormenores sobre su origen: ¿desde cuándo celebramos el Día de Muertos en México? ¿Es cierto que esta celebración tiene origen prehispánico? 

Todos los mercados y tiendas departamentales están inundadas de motivos referentes al Día de Muertos cuando ni siquiera hemos llegado a las fiestas patrias. Calaveritas de dulce, papel picado, flores de cempasúchil, nardos, veladoras y velas empiezan a verse por doquier, a lo que se suma un montón de mercancía relativa a Halloween: disfraces, calabazas, series de colores naranjas, morados y negros, máscaras, calderos y un sinfín de cosas que nos involucran en estas festividades propias del otoño. 

¿De dónde viene la tradición de celebrar a los difuntos? 

La celebración de Día de Muertos es una de las máximas festividades en nuestro país. Desde siempre se ha dicho que tiene orígenes prehispánicos que se remontan a cuando los indígenas ofrendaban productos como maíz, frijol y calabaza a las divinidades y que luego estas prácticas fueron trasladadas por los españoles al calendario cristiano. Sin embargo, especialistas en historia, antropología y arqueología, como Elsa Malvido (RIP), sostienen que las manifestaciones alrededor de lo que nosotros conocemos como el Día de Muertos nada tienen que ver con las prácticas que llevaban a cabo los pueblos nativos del territorio nacional. 

A lo largo del tiempo, todos los pueblos en el mundo han ofrendado alimentos a sus muertos cercanos, a sus antepasados y a los dioses relacionados con la muerte. En México, antes de la Conquista, cada grupo cultural tuvo sus calendarios rituales dedicados a celebrar la vida y la muerte; algunas de estas sociedades, por imposición o costumbre, adoptaron dioses y rituales de otras culturas. Sin embargo, la mayoría de estos grupos poblacionales no dejaron memoria de sus costumbres y aquellos que lo hicieron, eventualmente fueron destruidas u olvidadas. 

Los mayas y los mexicas, que fueron las principales sociedades sobrevivientes de la Conquista, sí dejaron testimonios gráficos acerca de sus cultos. A través de la interpretación contemporánea, se retomaron algunas ideas de cómo pudieron haber honrado a sus muertos. 

En los años treinta del siglo veinte, estas reinterpretaciones fueron adoptadas por el gobierno cardenista para crear una fiesta que tuviera un toque nacionalista y de “profundas raíces prehispánicas”, alejada de lo que la Iglesia católica ya conmemoraba como Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre). 

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♬ El Latido de mi Corazón – Luis Ángel Gómez Jaramillo

Las costumbres del Día de Muertos 

Se nos ha contado que algunos de los elementos más distintivos de las celebraciones de Día de Muertos tienen origen en la época prehispánica, por ejemplo, las ofrendas y las calaveras. Pero lo cierto es que esta festividad ni siquiera se originó en América. 

Su origen se remonta al siglo X en Francia, donde el abad de Cluny introdujo la conmemoración a los mártires cristianos el 2 de noviembre y asignó el día previo para honrar a los santos anónimos. En esos días, un altar monumental se instalaba en los templos, donde se exhibían reliquias de santos, como huesos, cráneos u otros restos. Con la llegada de los conquistadores, estas prácticas fueron impuestas a la población originaria del territorio volviéndose, eventualmente, en costumbres durante el Virreinato y hasta la época moderna. 

De igual modo, antes de entrar a las iglesias, los fieles acostumbraban comprar pan o dulces con forma de las reliquias, los cuales eran bendecidos por el sacerdote. Luego, ya en casa, solían ponerlos junto a la imagen de un santo familiar y frutas variadas. Este es el origen del Altar de Muertos, una práctica que también se lleva a cabo en otros países como Italia. 

Al continente, también llegaron las calaveras de dulce, que son de origen gallego, los panes de muerto que ya existían en diferentes regiones de Italia, España, Alemania y Austria, así como las velas, los adornos y las flores dispuestas sobre los altares. 

Podemos asegurar entonces que en el territorio que comprendía el imperio mexica, sí se honraba a los muertos, pero esto no coincide en nada con la celebración actual que ha sido retratada en películas como Coco y Spectre, de la saga de James Bond que, aunque son entretenidas, han sido resultado de la comercialización de las tradiciones. 

¿Debemos celebrar la muerte? 

México es un país pluricultural, pluriétnico y con una gran diversidad, por lo que la celebración de Día de Muertos no es homogénea. Cada región, cada pueblo, cada comunidad y cada familia van añadiendo diferentes significados y evocaciones en torno a ella. Todas tienen en común, el colorido, las texturas, los sabores y los aromas que se mezclan en torno a las ofrendas. 

Es muy socorrida esa frase de que “los mexicanos nos reímos de la muerte” derivada probablemente de una frase de Octavio Paz en la que decía que “También para el mexicano moderno la muerte carece de significación”. Sin embargo, en un país donde la muerte nos es tan cotidiana, habría que repensar su significado. De cualquier forma, podemos seguir, al estilo de los antiguos mexicanos, ofrendando el pan, la sal, las frutas y los manjares culinarios a nuestras personas que trascendieron en esta vida. La ofrenda es el reencuentro con el ritual que convoca a la memoria. 

Por Gabriela Sánchez Ibarra

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