<p><span class=El fascinante mundo de los dinosaurios: mitos y realidades 

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El fascinante mundo de los dinosaurios: mitos y realidades 

Los dinosaurios son uno de los grupos animales más populares. Se han hecho películas ―famosas y no tan famosas―, novelas y videojuegos. Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, escribió una de las primeras novelas con dinosaurios y actualmente es un clásico de la literatura: El mundo perdido, que ha sido adaptada de múltiples formas a lo largo del tiempo. El problema con la popularización de los dinosaurios es que se han distribuido y reforzado muchos mitos y desinformación sobre ellos. 

Algunos mitos sobre los dinosaurios 

En el siglo XIX, los científicos también estaban aprendiendo. En muchas ocasiones, se dejaron llevar por sus prejuicios al momento de describir los fósiles que encontraban y asumían que, si eran tan grandes y tenían cabezas tan pequeñas ―en relación con el tamaño de sus cuerpos, en el caso de los más grandes― debían ser muy tontos. También se decía que muchos eran tan grandes y pesados que vivían en pantanos para que el agua y el lodo sostuvieran su peso. Recuerden ese diálogo de Alan Grant en Parque Jurásico cuando ven al Brachiosaurus por primera vez: ¡no viven en pantanos! 

¿Los dinosaurios eran reptiles?  

Antes podemos empezar por decir qué los dinosaurios no son reptiles. Están relacionados, sí, pero los grupos de dinosaurios y reptiles se separaron hace aproximadamente 250 millones de años, haciendo de los dinosaurios una clase independiente con características propias. Por eso, si alguien pregunta si los dinosaurios eran reptiles la respuesta sería: no, son dinosaurios. 

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Anteriormente, se representaba a los dinosaurios caminando como cocodrilos, con las patas delanteras dobladas a los lados, y a veces hasta arrastrando la panza. No era así, los dinosaurios tenían las patas orientadas debajo del cuerpo, como si fueran columnas, en una posición muy parecida a la de los mamíferos.  

Por otra, todos los dinosaurios eran animales únicamente terrestres, por lo que los ictiosaurios y mosasaurios (como el que aparece en las películas de Jurassic World) no son dinosaurios, sino reptiles marinos. Y los pterosaurios, esos reptiles voladores que agarran gente por los hombros en las películas, tampoco son dinosaurios, sino reptiles voladores. 

¿Qué animales sí son dinosaurios?  

¡Las aves! Las aves están más emparentadas con los dinosaurios que un cocodrilo o una lagartija, por más que nos cueste imaginarlo. El grupo de los dinosaurios, después de distanciarse de los reptiles, sufriría otra división entre dinosaurios avianos (¿por qué creen que se llamó así?) y no-avianos. Fue la rama aviana la que sobrevivió a la extinción y por eso los tenemos cerca todavía en forma de gallinas, palomas, águilas, avestruces, etcétera. 

La estructura de los huesos en aves y dinosaurios es muy parecida, algunos de ellos tenían lo que se conoce como “huesos neumáticos”. No es como que tuvieran llantas en los huesos, sino que éstos son huecos y cuentan con sacos aéreos. Por eso podían ser gigantescos: tanto los huesos huecos como los sacos aligeran muchísimo el peso, y en el caso de las aves facilitan el vuelo. 

El estudio de los dinosaurios también es una disciplina amplia y colaborativa. Con las nuevas perspectivas multidisciplinarias, la paleontología de dinosaurios se fortalece de la mano con otras ciencias, como la genética, la ecología, la geología y la botánica. 

Los dinosaurios como los conocemos ya no existen, su extinción fue lo que finalmente permitió a los mamíferos diversificarse y evolucionar. Pero si hacemos un ejercicio de la imaginación y suponemos que convivimos en el espacio y en el tiempo con ellos, podemos ver un escenario ecológico bastante complicado. La competencia por los recursos sería interesante, aunque probablemente acabaríamos desplazándolos. 

¿Qué haríamos nosotros, como humanidad, en un escenario como ése? Durante millones de años, adaptamos el mundo que nos rodea a nuestras necesidades, con frecuencia sin demasiado respeto a ese mundo. Podemos empezar reflexionando sobre cómo interactuamos con el entorno actual para saber si estamos listos para vivir como cuando los dinosaurios dominaban la tierra. 

Por Amílcar Amaya 

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