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Mutilación genital femenina: la realidad atroz que persiste en el siglo XXI 

Mariame Sakho acabó con la alegría de miles de mujeres en Senegal antes de 1999. Su abuela le había heredado el conocimiento de cómo realizar la mutilación genital o ablación, a recién nacidas y adolescentes. Nunca dimensionó el daño que hacía porque su habilidad para hacer los procedimientos le daba, además de dinero, reconocimiento social. 

Cuando en su país se penalizó esa práctica, apenas hace         25 años, fue que reflexionó sobre el tremendo daño: “No es justo que una mujer nunca conozca esta alegría (la que da el placer sexual) y viva el sexo sólo para procrear”, comentó en una entrevista para Amnistía Internacional ya como activista contra la mutilación genital femenina (MGF). 

La MGF en números 

A pesar de que cada vez más mujeres, políticos, profesionales de la salud, defensoras de derechos humanos y de las infancias, activistas por los derechos sexuales y reproductivos han pugnado por el fin de esta atrocidad, se calcula que en el          año 2019 se realizaron más de 4 millones de mutilaciones en el mundo y que, a pesar de muchos esfuerzos, de nuevo está en aumento la cantidad de mujeres y niñas que la sufren. La sociedad internacional tenía planeado acabar con ella en      2030 pero, así como van las cifras, parece imposible lograrlo. 

Si la mutilación genital femenina crece a un ritmo anual de         4 millones, para 2030 habrá 68 millones de niñas con una historia terrorífica al respecto. Hoy la ablación femenina es rutinaria a pesar de que se conocen los daños que provoca. 

Aunque en varios países se ha prohibido y se sanciona penalmente a quien la realice o la promueva, la MGF se vive en África subsahariana (Benin, Burkina Faso, Camerún, Chad, Costa de Marfil, Djibouti, Egipto, Etiopía, Eritrea, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Kenya, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, República Centroafricana, República Democrática del Congo, República Unida de Tanzania, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Togo, Uganda y Zambia), Asia (India, Indonesia, Malasia, Pakistán y Sri Lanka), Medio Oriente (Emiratos Árabes Unidos, Omán, Yemen, Iraq y Palestina), Europa del Este (Georgia y la Federación Rusa) e incluso de América Latina (algunas comunidades en Colombia, Panamá, Ecuador y Perú). Además, poblaciones migrantes llevan consigo la práctica a Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda. 

¿En qué consiste la mutilación genital femenina? 

Según la zona y las creencias que tenga al respecto el grupo que la practica, la mutilación genital femenina puede ir desde retirar sólo el clítoris, o el clítoris y los labios internos de la vulva, y a veces, después de retirarlos, cerrar la abertura vaginal cosiendo los labios externos sobre el orificio. Se trata de sólo dejar libre por donde sale la orina (meato urinario) y una pequeñísima abertura por donde pueda salir el flujo menstrual, pero que haga imposible la entrada de un pene. 

En el momento en que se realiza y días después hay un dolor intenso, hemorragia, inflamación, fiebre, pueden surgir infecciones como el tétanos (pues la mutilación se hace con una hoja de afeitar o un cuchillo), infecciones en las vías urinarias      y dificultades para orinar, la niña o adolescente puede permanecer en estado de choque y, en varios casos, morir por cualquiera de estas causas. 

A largo plazo, permanece dolor al orinar, hay recurrentes infecciones vaginales, problemas menstruales porque la sangre no puede salir, cicatrices que limitan la movilidad y nula o poca satisfacción sexual. También hay mayor riesgo de complicaciones en el parto y, por lo tanto, mayor riesgo de muerte del recién nacido.  

En lo emocional, es una experiencia que genera trauma a corto y largo plazo, pues el estrés psicológico del procedimiento, el tiempo de “recuperación” y las incomodidades físicas permanentes, genera desconfianza de las niñas en sus cuidadores principales, pues mamá y papá decidieron someterla a la MGF. Ansiedad y depresión se vuelven compañeras ya en la adolescencia o la vida adulta. 

¿Por qué lo hacen? 

¿Por qué no se acaba esto? ¿Por qué seguir provocando el daño incalculable? ¿Por qué mutilar una parte sana del cuerpo femenino? 

Investigadores españoles del Servicio Murciano de Salud y la Universidad de Murcia trataron de contestar estas preguntas entrevistando a mujeres adultas que la habían vivido y encontraron razones de peso, que implican más violencia contra las mujeres. Por ejemplo, si se resisten, pueden ser expulsadas de su comunidad, no ser elegidas para el matrimonio o vivir con un estigma permanente de sentirse sucia por sentir placer sexual. 

El castigo social por rebelarse puede ser alto. Familias que han tratado de romper la tradición de la MGF, rompen absolutamente el lazo con su familia extensa y su comunidad, incluso han tenido que huir de su país por haber tratado de proteger a sus hijas. 

Las sociedades que mantienen la MGF, concluyeron los investigadores, tienen una ganancia: mujeres tranquilas y dóciles por la ansiedad, el terror, la humillación y la traición que vivieron. La defensa de la psique ante tanto trauma, se convierte en no cuestionarse nada al respecto. 

Cada 6 de febrero el mundo vuelve al tema con el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, al mismo tiempo, se tiene en cuenta que este 2024, más de 4 600 000 niñas y adolescentes están en riesgo de ser mutiladas genitalmente. Esta práctica coartará la alegría de todas ellas. 

Por Georgina Montalvo

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