<p>El cerebro y las máquinas: los implantes cerebrales de Neuralink</p>
<p>El cerebro y las máquinas: los implantes cerebrales de Neuralink</p>

El cerebro y las máquinas: los implantes cerebrales de Neuralink

Imagina que por tu mente pasa el pensamiento de “encender luces”, y que un dispositivo de inteligencia artificial, implantado en tu cerebro, descifre ese pensamiento y active las luces. 

Quizá no resulte raro pensar que esto es totalmente posible, ya que, de hecho, hoy ya existen muchos vínculos entre nuestros procesos mentales y las máquinas digitales. No debe extrañarnos que desde hace algunos años se está buscando la integración de la tecnología de inteligencia artificial en el cerebro humano, mediante implantes. La meta a largo plazo, aunque no tan largo: la unidad total, la completa digitalización de nuestras vidas. 

Esta conexión directa entre el cerebro y la máquina digital que nos conduciría a operar acciones con tan solo pensarlas, ¿no provocaría acaso que se modifique nuestra concepción de la subjetividad? ¿Esta conexión no modificaría también la condición humana, el ser de las personas? ¿Qué ocurrirá entonces con la sociedad, la política y la vida cotidiana?  

Neuralink y sus proyectos de conexiones cerebrales 

Neuralink Corporation, fundada, entre otras pocas personas, por Elon Musk, en 2016, es una de las empresas de neurotecnología especializada en el desarrollo de diferentes interfaces cerebro-computadora. 

La empresa está creando vías de comunicación directas entre un cerebro y un dispositivo externo, lo que permitiría que, si se enfoca la mente en la cafetera, ésta funcione y prepare el café sólo pensando, ni siquiera verbalizando.  

También están trabajando en vías de comunicación directa entre cerebros, para que los pensamientos sean compartidos por otra persona o personas, sin necesidad de pronunciar palabra alguna (Musk sostiene que los pensamientos están en la mente con independencia de su expresión lingüística).  

Dispositivos cerebrales 

El dispositivo creado por Neuralink tiene forma de moneda y se instala en el cráneo. Se conecta con microhilos al sistema nervioso y puede emparejarse con una aplicación para teléfonos móviles a través de Bluetooth. 

La justificación de este proyecto es de corte humanitario, ya que Musk afirmó en un evento transmitido por YouTube que el objetivo del dispositivo es resolver importantes problemas del cerebro y la médula espinal (como la pérdida de memoria o las adicciones) con un dispositivo implantado; así como acceder a un mayor control de la salud. 

Dicha tecnología registrará lo que comemos, lo que compramos, leemos y vemos; también podrán ser percibidos nuestros estados de ánimo, nuestros miedos y alegrías. 

Todos los sentidos mandan señales eléctricas enviadas por las neuronas al cerebro, y si se pueden corregir y dirigir estas señales —dice Musk—, se puede resolver todo: pérdida de memoria, de audición, ceguera, parálisis, depresión, insomnio extremo, dolor, convulsiones, ansiedad, adicción, accidentes cerebro vasculares, y otros tipos de daños cerebrales. 

Verdaderamente sería útil y conveniente para las personas, pero, por otro lado, ¿esto será acaso un caldo de cultivo para nuevos problemas?  

Las preocupaciones por los implantes cerebrales 

En 1888, Santiago Ramón y Cajal, propuso a la neurona como entidad fundamental para comprender el funcionamiento del sistema nervioso, lo cual desencadenó el desarrollo de la neurociencia hasta nuestros días. 

En 2002, se realizó un experimento en el que se le implantó un dispositivo en el cerebro a una rata con el que se le ordenó ir en una dirección determinada, logrando que corriera, girara, saltara y escalara según las órdenes recibidas desde un dispositivo externo. 

Este experimento ha provocado discusiones en muchos campos e hizo que filósofos, como Slavoj Zizek, piensen y se pregunten en lo que esto significaría para un ser humano que use el dispositivo de Neuralink. Lo que le preocupa, por ejemplo, es el control que se podría ejercer y desarrollar con acceso directo al cerebro de una persona. 

Retomando el experimento mencionado, la interrogante es que, no sabemos si la rata sentía que algo la estaba controlando desde fuera, o si eran movimientos percibidos como propios y espontáneos. ¿Los humanos se percatarían de que sus movimientos están siendo controlados? “Si el sujeto sigue sin darse cuenta de que su comportamiento espontáneo lo dirigen desde fuera, ¿podemos seguir fingiendo que esto no influye en nuestra forma de entender el libre albedrío?”. 

Hoy en día, ya contamos con una compleja red digital que registra permanentemente nuestras actividades, lo que quiere decir que este control a través de lo digital ya lo podemos verificar en nuestra realidad actual. El punto clave es que, estas nuevas tecnologías pueden llegar al punto de poner en riesgo la noción de autonomía, de individuos que actúan por su propia voluntad y no por un dictado extrínseco.  

Otro problema que se asoma para Zizek, es el de la división radical entre personas que tengan los recursos para acceder a estas nuevas tecnologías, y las personas que no. ¿Habrá entonces una élite reducida de humanos mejorados?  

Las precauciones: tecnología y ética 

Cualquier empresa que desarrolle este tipo de tecnología, tendrá que pasar por las regulaciones adecuadas para que aprueben sus experimentos y productos. Neuralink deberá demostrar la seguridad y eficacia de sus productos, a través de ensayos clínicos meticulosos y duraderos, porque, por ejemplo, una simple falla tecnológica, podría poner en riesgo la vida de las personas usuarias.  

Algunos de los temas en juego sobre la ética de la tecnología son la seguridad, equilibrio riesgo-beneficio, privacidad y consentimiento informado, alteración del yo, autonomía, responsabilidad y equidad, entre otros.  

Entonces, ¿sí a las máquinas? 

Habrá pues, una máquina externa que nos conocerá tanto biológicamente como psicológicamente. Tendrá una imagen tan completa como para sospechar que tal vez nos conocerá mucho mejor de lo que nosotros mismos podríamos conocernos. O podríamos decir que jamás una maquina alcanzó el acceso al cerebro humano.  

Se cree que, a largo plazo, la tecnología permitirá dar nuevas funciones sobrehumanas a sus usuarios, mejorando el intelecto y hasta la fisiología humana. Este nuevo campo de estudio e investigación de la humanidad es conocido como transhumanismo, corriente cultural, intelectual y científica propuesta por Nick Bostrom, que propone la generación progresiva de un nuevo individuo llamado poshumano, a través de la aplicación de las nuevas tecnologías.  

Por Rubén Reyes Romero

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