<p><span class=No es amor, es trabajo: sobre el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado 

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No es amor, es trabajo: sobre el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado 

Cocinar, lavar, planchar, hacer compras y cuidar a familiares son tareas históricamente atribuidas a las mujeres, sin embargo, detrás de estas actividades aparentemente cotidianas, existe un trabajo no reconocido y no pagado. Este artículo explora la invisibilización del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, desafiando la noción tradicional de que éste es un acto de amor. Analiza cómo la falta de reconocimiento de estas actividades afecta a las mujeres, y contribuye a la persistencia de la desigualdad de género. 

Cambiando la narrativa: eso que llamamos amor es trabajo no reconocido 

El concepto de trabajo doméstico y de cuidados se refiere a todas las labores domésticas y al cuidado de personas dependientes, como hijos, personas de la tercera edad y personas con discapacidad. Estas actividades son, en su mayoría, realizadas por mujeres, que no reciben remuneración alguna por ello. 

Desde un sistema patriarcal, con roles de género establecidos, existe la idea de que no deberíamos recibir remuneración porque es nuestra obligación, y que, desde nuestra feminidad, es un acto de amor y agradecimiento hacia los hombres, que suelen actuar como proveedores. Además, este tipo de actividades es considerado menos importante y valioso, bajo la errónea percepción de que no requiere habilidades o cualificaciones. 

Como menciona Alejandra M. Vázquez, en su libro Su cuerpo dejarán, los cuidados no entran en el lenguaje del trabajo, porque ahí hay calidad, productividad, objetivos, reconocimiento en círculos prestigiosos. Todo parece estar medido con la vara del éxito de la figura masculina, y del capitalismo. 

Este trabajo es una de las contribuciones menos reconocidas de las mujeres a la economía, y a la vida, cuando en realidad los cuidados permiten la reproducción de trabajos que si son reconocidos. 

@hufer12

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♬ V16 – martinwhite & Erreflexx

Algunas cifras reveladoras sobre trabajo no remunerado 

Globalmente, las mujeres realizan tres veces más trabajo doméstico que los hombres, siendo esta diferencia aún mayor para los países en desarrollo. La pandemia de COVID-19 hizo esto más evidente, por ejemplo, en Reino Unido, las mujeres aumentaron las horas destinadas a labores del hogar, y fueron más propensas a reducir las horas de trabajo remunerado y ajustar sus horarios laborales que los hombres. 

De acuerdo con el INEGI, en México, el valor monetario de las labores domésticas y de cuidados no remunerados representó el 25 % del PIB del país en 2021, es decir, 6.6 billones de pesos no reconocidos y no pagados. Durante este año, en promedio, las mujeres aportaron trabajo no pagado por un valor de          $72 000 pesos. Además, destinaron entre 27 y 35 horas a la semana a estas labores, representando el triple que las realizadas por los hombres. 

Detrás de la puerta: ¿qué impacto tiene en las mujeres? 

El trabajo del hogar y de cuidados no remunerado es un factor importante en la desigualdad de género. Es la principal barrera para que las mujeres entren y permanezcan en la fuerza de trabajo remunerada, alrededor del 42 % de mujeres en el mundo no pueden conseguir un empleo porque son responsables de los cuidados. Para las mujeres que cuentan con un empleo remunerado, esto representa una doble carga, ya tienen que trabajar más horas para cumplir con ambos trabajos. Además, suelen ser trabajos de menores ingresos o en el sector informal, que les brinda horarios flexibles, pero no les otorga protección social ni derechos laborales. 

También se enfrentan a mayores obstáculos para crecer en sus carreras educativas y laborales, tener actividades recreativas, y tiempo de cuidado personal. Además, su salud mental suele ser más afectada, las mujeres que realizan trabajo no remunerado tienden a sufrir más estrés, ansiedad y depresión que las que no. 

¿Y entonces?  

El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es una realidad que persiste en la sombra, y es la base de la economía, aunque su papel sea invisible para algunos. No se trata de dejar de hacerlo si no queremos, sino de que se reconozca como trabajo, y se aborde desde enfoques más equitativos, y más allá de la esfera de lo privado. Reconociendo que de los cuidados dependemos todos, podemos exigir una mejor distribución de tareas domésticas, horarios laborales flexibles, permisos de paternidad, y servicios de cuidado asequibles. 

Por Mariana Navarro

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