<p>¿Cuál es el mejor idioma de todos los del mundo? Te lo decimos aquí</p>
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¿Cuál es el mejor idioma de todos los del mundo? Te lo decimos aquí

 

Siempre ha existido forma de nacionalismo que pone al idioma por delante para decir que es el mejor del mundo. También, por otro lado, cuando hay personas que aprenden otro idioma se tiene la sensación de que ese idioma —que puede expresar cosas que el primero no, así como ocurre con cualquiera— es “mejor”. Pero ¿hay alguna manera objetiva de afirmarlo y sostenerlo?

Y el mejor idioma del mundo es…

Ninguno. Mucho se escucha que el español es más rico que el inglés en su sintaxis y en sus tiempos verbales; otros dicen que no, que el inglés es mejor porque tiene más palabras que cualquier otro idioma. También existen quienes aseveran, como sentando cátedra, que las lenguas importantes sólo son el latín y el griego, por su complejidad morfosintáctica. Y así podemos seguir hasta que cada persona tenga una lengua favorita

Pero la verdad es que ninguna es mejor que otra. Dirán algunos que quizá el término no es “mejor”, sino “avanzada”, con su contraparte “primitiva”; pues tampoco. Estas clasificaciones son de hace varios siglos y lamentablemente quedaron en el imaginario de las sociedades.

Antes de que la lingüística se considerara una ciencia, no existía una metodología para su estudio. Por lo tanto, muchas de las tesis propuestas tuvieron poco o nada de rigor. Por ejemplo, Dante había advertido varios dialectos del italiano en su época, pero claro, decía que todos eran bastante primitivos o ineficaces a diferencia de la variante que él hablaba (toscano); y, por supuesto, ninguna podía compararse al latín porque era la lengua culta de su momento (algo así como el inglés actualmente, que es un idioma con prestigio social por el poderío económico de Estados Unidos).

Idioma “primitivo” vs idioma culto

Así, durante muchos años la gente o asociaba al latín o al hebreo como la lengua más importante —por aquello del mito bíblico de la Torre de Babel—; o al sánscrito por creer que de ahí venían todas las lenguas; o al griego por ser la cuna de la cultura. En contraparte, las lenguas de África, de lejano Oriente y de América eran consideradas primitivas, porque para ellos —los europeos antes del siglo XIX— eran sonidos extraños o balbuceos, al no entender que había realizaciones fonéticas únicas en aquellas lenguas.

El chino, por ejemplo, durante mucho tiempo fue menospreciado por ser una lengua tonal, es decir, que sólo modificando el tono de una sílaba cambia el significado; lo mismo le ocurrió al zapoteco en México, que también cuenta con esta característica. Y ni qué decir de la morfosintaxis y la semántica: si una lengua era “fácil” de aprender o eran de las que aglutinan palabras para formar términos, entonces eran “prehistóricas”; las importantes eran las que para conjugar un verbo se cambiaba la palabra, como el alemán, llegó a afirmar Humboldt.

De este modo, el estudio lingüístico estaba plagado de etnocentrismo, es decir, sólo los idiomas europeos, provenientes del latín, podían “considerarse lenguas”; todo lo demás eran “dialectos”. Para ellos, nombrarlos así era una ofensa que ayudaba al discurso político sobre el poco valor de las colonias y la hegemonía de las potencias.

Todos los idiomas son iguales, aunque no en su estructura

Aunque la lingüística ha cambiado desde entonces, desgraciadamente ese pensamiento quedó en muchos de los hablantes. No es difícil encontrar en Latinoamérica personas que crean que el náhuatl, el guaraní o el maya son dialectos, y lo usan como un insulto para humillar a quienes lo hablan (por eso tenemos esta nota). Tampoco se limita a las lenguas indígenas, pues también hay quien piensa que el inglés británico es mejor que el inglés americano. Es más, como ejercicio, ¿cuántas lenguas habladas en África podemos enunciar? Tal vez ninguna, y si es el caso, diremos que el francés e inglés de algunas excolonias y tal vez el árabe.

Lo vital es entender es que cada lengua es intrínseca, tiene sintaxis, fonética, morfología y semántica propias. Es cierto, un idioma puede estar emparentado con otro, pero no es argumento suficiente para aseverar que uno es mejor que otro. Tampoco son válidos los argumentos que sostienen que sólo cuando un dialecto tiene literatura se vuelve lengua, porque la literatura puede vivir tanto en lo escrito como en lo oral; y hasta hoy no se ha encontrado un pueblo que carezca de mitos o de formas literarias.

La próxima vez que miremos por arriba del hombro a quien habla una lengua que consideramos inferior, pensemos que hay alguien que está seguro de que la nuestra es igual de mala, sólo por no ser la suya. Será mejor darnos cuenta ya de que todas son igual de valiosas, pues cada una representa un modo único de ver, conocer y pensar el mundo.

Por Tonatiuh Higareda

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