<p>Cuatro mitos sobre amor romántico en tiempos de Tinder</p>
<p>Cuatro mitos sobre amor romántico en tiempos de Tinder</p>

Cuatro mitos sobre amor romántico en tiempos de Tinder

Si hoy buscáramos a la princesa de nuestros sueños, no la encontraríamos en una torre esperando a su príncipe azul, ni en un castillo atrapada con una zapatilla perdida o dormida esperando el beso del verdadero amor. Por otro lado, si Cenicienta fuera una mujer real de nuestros tiempos, tal vez estaría desvelada, pegada a su celular esperando un “Hola, preciosa, ¿cómo estás?” del vato que conoció la noche anterior en el antro; Bella seguramente haría match en Tinder con el sujeto cuyo estado dice: “Soy una bestia incomprendida, pero la indicada me volvería príncipe”, y Ariel subiría fotos leg day en Instagram o Facebook con la esperanza de que aquel chico que tanto le gusta le dé un me encanta. 

Puede que la idea del amor romántico haya cambiado de forma, pero en el fondo la espera sigue, la ansiedad crece, la incertidumbre carcome y la desesperada necesidad de ser la persona elegida no cambia (como hace varios siglos). A la enseñanza de que el amor es el fin último de nuestra existencia, y que hay que conseguirlo y mantenerlo, a eso se le conoce como “amor romántico”.  

¿Hay algo más en eso que conocemos como “amor romántico”? 

Podríamos chutarnos varios estudios filosóficos, antropológicos, químicos, médicos, físicos y metafísicos para tratar de definirlo. No obstante, lo que importa es la concepción común que nos enseñan del “amor”, ese sentimiento que mamá nos inculcó cuando decía “que los(as) niños(as) groseros(as) nadie los(as) quiere”, o el tío que te preguntaba por las novias del kínder o la abuela que te explicó que si Pedro te jalaba la trenza significaba que le gustabas.  

Para esto vayámonos a lo más sencillo: si buscamos en la RAE, el concepto de amor, encontramos que: “es un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser […] que realmente le atrae, procurando reciprocidad con el deseo del vínculo, que alegra, y da energía para convivir, comunicarnos y crear”. ¡Tremenda RAE, se puso sentimental!, también nos dice que necesitamos a esa persona porque nos sentimos incompletos y requerimos de ella para ser felices. Es aquí, con estas sencillas palabras, que nuestro concepto de amor nace entre creencias sociales y culturales que nos afectan para siempre y que hoy llamamos “mitos del amor romántico”. 

Existen algunas autoras, como Marcela Lagarde y Coral Herrera, que afirman que hay más de treinta mitos sobre el amor romántico, pero las vamos a dividir en cuatro órdenes, para una mayor comprensión.  

El amor verdadero y predestinado 

La creencia de un amor para toda la vida, de uno solo, verdadero y eterno es el que pensamos que nos está esperando en algún lugar y que hay una urgencia por encontrarlo, pero antes de los 30 años, porque como dice la abuelita: “Si no encuentras pareja, se te va a pasar el tren”, y nadie quiere eso. Esta idea parte de que, por naturaleza, necesitamos una pareja que nos complemente y ame para siempre. A partir de esta creencia surge el mito de la media naranja, el amor verdadero y el “vivieron felices”, lo cual nos provoca que nos sintamos incompletos y busquemos el amor desesperadamente; o bien, que hagamos historias de futuros “encantadores”, como el “Estafador de Tinder” –un hombre que fingió ser billonario para embaucar a sus víctimas–, cuyos estragos, entre otros, vienen de la necesidad de creer en lo indispensable que es encontrar al “indicado” (y si es millonario, mejor). 

 

¿Cuál ha sido su experiencia usando esta “app”?

 

 

El amor “lo puede todo” 

Parte de la creencia de que el amor es “la fuerza que mueve al mundo y es la razón de nuestro ser”, entre muchos otros atributos. De esta percepción, nace el concepto de que el amor cambia a las personas, el amor soporta y perdona, o que los polos opuestos se atraen. Estos mitos causan la romantización del conflicto, si conoces a Maddy y Nate de Euphoria sabes de lo que estamos hablando: se tratan terrible, son infieles uno al otro y claramente hay una relación basada en la violencia y el abuso.  

 

El amor es entrega total
 

Para que el amor sea verdadero debe ser absoluto e incondicional, es decir, que se vuelven uno mismo: no existen los secretos, conocen todo de su pareja, van juntos a todos lados, piensan en su pareja todo el día, porque el otro se vuelve en la única fuente de felicidad. Esto se parece a la sinopsis de You, en el que un ideal amoroso genera la pérdida de la individualidad, la manipulación, la fiscalización y algo más peligroso aún: la codependencia.  

Reconocen esta escena de “You”, ¿cierto?

 

El amor es posesión  

Al pensar que el amor es la mitad que hace falta y que representa una entrega total, no es raro que los celos también se vean como algo normal, incluso hasta como una necesidad o una prueba de amor verdadero. Así que para que no nos perdamos de nuevo el uno y el otro, debemos comprometernos a vivir juntos el resto de nuestras vidas, o como lo dicen los sacerdotes y los jueces: “Hasta que la muerte los separe”. Otra táctica moderna es hacerle cambiar la foto de perfil a tu pareja por alguna en la que aparezcan juntos, anunciando que se pertenecen, algo así como marcando territorio. 

Aunque nuestra forma de relacionarnos ha cambiado, y nuestras necesidades sexoafectivas ya no sean iguales a las de Blancanieves, la realidad es que seguimos cayendo en las creencias tóxicas y buscamos a una persona que llene nuestras inquietudes, producto de estos mitos. El amor existe y es una experiencia hermosa, pero no es un beso mágico que salva, ni mucho menos una misma historia para todas las personas que lo hemos vivido. Deconstruyamos el amor romántico y seamos libres para expresar nuestros propios cuentos con finales alternativos.  

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