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Conoces los síntomas de la depresión y los tipos que hay: no todos son iguales

¿Cómo saber si tengo depresión? Existe un criterio utilizado por los psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud mental llamado psicaces. Si en las últimas dos semanas has tenido al menos cuatro de los siguientes síntomas, podrías tener depresión:  

  • Psicomotricidad disminuida, es decir, dificultad para moverse por sensación de pesadez. 
  • Sueño alterado o disminución de él.  
  • Interés reducido, incluido el de actividades que antes disfrutabas. 
  • Concentración disminuida.  
  • Apetito y peso: disminución o aumento significativo. 
  • Culpa y autorreproche. 
  • Energía disminuida o fatiga. 
  • Suicidio: pensamiento o ideas para hacerlo. 

Cuando se tiene alguno de estos síntomas, la vida baja la intensidad de sus colores. Si vives o has vivido alguno de ellos desde hace algún tiempo, no se trata de un diagnóstico definitivo, sino de una llamada de alerta para que acudas a algún servicio de salud mental, para que un o una profesional converse contigo de manera que pueda definir si tu estado emocional indica depresión.   

Tipos de depresión 

Si te confirman que se trata de ella, puedes conocer qué tipo exactamente es con esta clasificación general. A partir de ella, los casos se pueden volver particulares, como se muestra a continuación.  

Depresión mayor 

Hay sentimientos severos de tristeza y desánimo, sin causa aparente, por al menos dos semanas consecutivas. El desánimo llega al grado de no querer levantarse ni para comer o bañarse. Da una sensación de vivir la vida en grises que se encaminan al negro.  

Distimia 

En este caso, el gris va al azul, porque puedes ser funcional en la cotidianidad, pero permaneces en un estado triste, aletargado, de poco o nulo disfrute, con sentimientos de incapacidad y/o con somatizaciones, como dolor de estómago, de cabeza o problemas en la piel. La favorecen periodos prolongados de estrés y hay una sensación permanente de no disfrutar la vida. Los casos que se presentan en la adolescencia o en la infancia, o en hombres adultos, pueden manifestarse con irritabilidad permanente. Es común que se combine con ansiedad.  

Depresión menor 

Presenta síntomas similares a la distimia, pero leves y no de manera consecutiva. A grandes rasgos, lo que sucede en un cerebro con depresión es que deja de producir dos neurotransmisores que son sustancias necesarias para la transmisión de información entre neuronas. Entonces, produce poco o nada de serotonina, involucrada en la regulación de las emociones, la impulsividad, la agresividad, el apetito y la libido; y noradrenalina, que tiene que ver con la capacidad de atención y la motivación.  

¿Y por qué falla la producción de neurotransmisores?  

Puede ser como síntoma de otras enfermedades, que haya una predisposición genética o que aparezca por factores psicosociales, por ejemplo: estrés en la escuela o en el trabajo, vivir relaciones familiares, de amistad o amorosas conflictivas o pérdidas significativas.  

Así que la depresión no es una sola, afecta de manera distinta en diferentes etapas de vida, pero nunca tiene que ver con algo que la persona decide. Nadie se levanta un día y dice “hoy me voy a deprimir”. No. Por lo tanto, no se sale de ella sólo con voluntad o “echándole ganas” a la vida. Ése es un mito que en realidad prolonga el sufrimiento de las personas que la padecen pues se sienten incapaces de superar por sí mismas su enfermedad cuando depende de una falla en el cerebro.   

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El esquema de tratamiento más exitoso para la depresión es la combinación de fármacos con sesiones de psicoterapia. En este caso, nunca ha sido mejor aplicada la definición de paciente, pues la recuperación es a mediano y largo plazo. Hablamos de meses.  

Se sabe que los medicamentos hacen efecto entre dos a seis semanas de empezarlos a tomar y la psicoterapia debe realizarse al menos una vez a la semana por mínimo dos meses. Esto es algo que deben tener presente los pacientes, su familia y amistades, pues es común que no se tenga la paciencia necesaria y se opte por abandonar el tratamiento o se recurra a estrategias que pueden funcionar a corto plazo, pero que no abordarán el problema de raíz.     

Para recuperar la capacidad de ver la vida en todos sus colores, se requiere información, acompañamiento profesional y empeño en desear sentirse mejor.   

Por Georgina Montalvo 

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